¡Amorosas y aguerridas madres del chocolate!

In Featured, NOTICIAS, PROTAGONISTAS by Juan Pablo Crespo

El calendario puede tener muchas fechas significativas, pero el Día de la Madre es sin duda una de los más especiales y sublimes. Veinticuatro horas nunca serán suficientes para decir ¡gracias! por tanto amor, comprensión y guía. Sin embargo, el momento puede ser una buena excusa para rendirle honor a aquellas “mamás del chocolate”.

María Fernanda Di Giacobbe, Claudia Franceschi, Greta Sánchez, Amanda González de García, María Teresa Molina y Ángela Montaperto cuentan a Vivaelcacao cómo sus hijos viven y sienten junto con ellas el chocolate.

De antemano, felicitaciones a todas las madres de Venezuela, en especial a las mamás enlazadas con sus hijos al cacao y al chocolate venezolano, quienes el domingo 14 de mayo levantarán con orgullo su mejor receta: la de una familia unida por el amor.

María Fernanda Di Giacobbe con su hijo Bernardo (detrás de ella) y parte de sus hijos de corazón.

María Fernanda Di Giacobbe: “Soy una mamá regañona”

Juan Pablo Crespo / @juanpamark / Foto: Jone Troconis

María Fernanda Di Giacobbe es una madre tan amorosa como exigente,  no solo con sus dos hijos, sino también con todos aquellos que conforman el exitoso equipo de trabajo en Cacao de Origen. Ella, incluso, se define como una mamá “regañona”. Lo que sucede es que como buena madre siempre quiere lo mejor para todos. Así brota amor su corazón.

No en vano el escritor francés Ernest Bersot proclamaba que “muchas maravillas hay en el universo, pero la obra maestra de la creación es el corazón materno”.

Eduardo de 25 y Bernardo Machado de 28 años son los hijos de María Fernanda, pero su pasión de madre se ramifica hasta con aquellos que por 10, 20 o 30 años han estado compartiendo con ella en distintas labores, en las altas y en las bajas.

Soy una mamá “que quiere que sus hijos vayan hacia adelante. Que aprendan un oficio, que sean honestos, que sean incorruptibles y que sepan que Venezuela se construye a través del trabajo. Cuando alguien del equipo no sabe lo que hace, cuando contesta ´no tengo ni idea´ o ´no me importa´, soy una mamá súper regañona”.

María Fernanda es una chef que a mediados del año pasado ganó el premio internacional Basque Culinary World Prize, un galardón entregado en España para chefs con iniciativas transformadoras. Con esta experiencia, María Fernanda ha conseguido articular una red de educación, emprendimiento, investigación y desarrollo en comunidades venezolanas productoras con el cacao criollo como herramienta central y como una fuente de identidad, cultura y riqueza socioeconómica. Cacao de Origen (CdO), una de sus iniciativas, es un espacio de encuentro para la investigación, educación y promoción del cacao y su producto más emblemático. Allí se capacitan los emprendedores del chocolate, un 94% de los egresados han sido mujeres, más de 1.500, muchas de ellas también madres.

“Mis hijos nacieron en una casa en la que todo lo que han visto ha estado ligado a lo gastronómico, algo que viene de generación en generación”.

Desde muy pequeña María Fernanda está ligada al alimento de los dioses y la gastronomía en general. Ella nació en un hogar en el que la cocina era el centro de atención.  Su bisabuela fundó un abasto, el mismo donde ahora funciona una de los negocios gastronómicos de María Fernanda. Hoy sus hijos también tienen ese “feeling” por el chocolate. Bernardo trabaja con el equipo de Cacao de Origen en la Hacienda La Trinidad, en Caracas. “Él es un conocedor de la historia y de las bondades del cacao en Venezuela. Es muy bueno haciendo catas de chocolate bajo el movimiento Bean to Bar, además es arquitecto y surfista”, apunta María Fernanda. “Eduardo, por su lado, estudió negocios en Estados Unidos y tiene entre ceja y ceja exportar chocolate hecho en Venezuela”.

En la casa de la infancia de María Fernanda (Caracas) se preparaban también tortas de bodas o centros de mesa para eventos en floristería.  “Recuerdo sentir mucho placer al preparar las mermeladas o jaleas para rellenar las tortas”. Ese mismo placer es uno de los motores que hoy mueve a esta madre que no descansa cuando de compartir sus conocimientos se trata.

Dentro o fuera del hogar, las conversaciones de María Fernanda con sus hijos suelen girar en torno al chocolate. Hay mucha tela para cortar, crear, mejorar o innovar. “Siempre estamos hablando de cacao, de chocolate, comprando los ingredientes, o viendo cómo arquitectónicamente se puede mejorar el mobiliario”.

-Sus hijos pudieron haber tomado caminos totalmente distintos, pero ambos sienten muy de cerca el chocolate, ¿cómo se siente como madre tenerlos así de conectados?
-Ellos nacieron en una casa en la que todo lo que han visto ha estado ligado a lo gastronómico, algo que viene de generación en generación, desde tiempos de nuestro bisabuelo. Ambos son libres de escoger otras labores, pero evidentemente con este ambiente, en el que mi bisabuelo sembraba y mi bisabuela atendía un abasto, luego mis tíos continuaron con el negocio, y yo en ese mismo espacio inauguré el primer café restaurante, es natural que sientan el chocolate como algo propio. Ellos además pasaron su infancia dentro de cocinas, atendiendo al público, ayudando con la mantelería y las mesas. Sus primeros trabajos fueron preparando café en nuestros restaurantes y siendo mesoneros en los eventos. Es decir, iba a ser un poquito difícil que no se dedicaran a trabajar con nosotros.

-El orgullo entonces no le debe caber en el pecho…
-Bueno, sí,  pero además es necesario decir que existen otros hijos que son esas personas que trabajan con nosotros en Soma Café, Cacao de Origen, Kakao o Kakao Bombones Venezolanos, porque estamos juntos desde hace 10, 20 o 30 años. Esta familia se extendió mucho (risas). Te puedo hablar de Diego Ceballos, Jimmy Brito, Gaudy González, Génesis, Mili, Daleidy. Yo soy una mamá regañona con todos esos muchachos que ya no son tan muchachos y que también tienen hijos.

-¡Regañona!, ¿cómo así?
-Una mamá que quiere que sus hijos vayan hacia adelante. Que aprendan un oficio, que sean honestos, que sean incorruptibles y que sepan que Venezuela se construye a través del trabajo. Cuando alguien del equipo no sabe lo que hace, cuando contesta “no tengo ni idea” o “no me importa” soy una mamá súper regañona. Cuando los muchachos están encaminados, tiene una meta y un fututo, pueden contar con nosotros para todo, para viajar al exterior y aprender, hacer capacitaciones con otros maestros chocolateros o cocineros, para ir a plantaciones y desarrollar todas sus capacidades. Soy una mamá que busca esa luz que cada cual tiene adentro y que quiere que la proyecte. Soy abierta y accesible, pero también fuerte para que las cosas salgan bien hechas.

-En la intimidad de la casa, ¿las conversaciones con sus hijos suelen girar también en torno al cacao, al chocolate y sus emprendimientos?
-Sí, somos un poco monotemáticos. Lo que pasa es cuando te gusta mucho algo y sientes pasión por esa actividad o profesión, no hay horario ni días de la semana. Siempre estamos hablando de cacao, de chocolate o comprando los ingredientes, o viendo cómo arquitectónicamente se puede mejorar el mobiliario.

-Cuando está fuera del trabajo que más es lo que le gusta compartir con sus hijos.
-Disfrutamos mucho visitando las plantaciones de cacao y cocinando con ingredientes venezolanos y recetas tradicionales, entre otras cosas.

María Fernanda Di Giacobbe es una madre de tradición gastronómica, defensora de lo nuestro, amorosa y, cuando toca, regañona. Amor puro de madre.

Claudia Franceschi, una madre con raíces de tradición cacaotera.

Claudia Franceschi: “Mis hijos están enamorados del chocolate negro”

Juan Pablo Crespo / @juanpamark

Nicole es muy curiosa, traviesa, jocosa y le gusta la cocina. Con apenas 10 años, ya está interesada en el tema de la fermentación del cacao y de los procesos químicos que desembocan en el chocolate y sus aromas.

Su hermano mayor, Bernardo, de 12 años, es más metódico y su paladar ya muestra signos de virtuosidad.

Ambos son unos enamorados del chocolate negro, entienden de varietales y ruegan para que nunca falte chocolate en la despensa a la hora más divertida: la merienda. Y como niños al fin, todavía se asombran al ver cómo un fruto se transforma hasta ese cuadrito oscuro que hace fiesta en sus bocas.

 Nicole y Bernardo son los hijos de Claudia Franceschi, una madre tan entregada a sus pequeños como al trabajo que el destino de alguna manera le puso en el camino, pero que ella también se supo inventar. Claudia es  la gerente de Mercadeo y de Desarrollo de Productos de Innovación de Franceschi Chocolate, una empresa creada por ella (y una prima) que ha hecho del chocolate oscuro de origen un arte con calidad de exportación.

Claudia también es representante de una emblemática familia en Venezuela, sinónimo de trabajo, constancia, resilencia y éxito. Para ser más exactos, ella forma parte de la sexta generación de una prole que por casi 190 años ha hecho del cacao el epicentro de sus vidas. Juan de Dios Franceschi, su padre, más dos hermanos (Alberto y José Vicente) han dirigido las labores por los senderos del rescate de los cacaos criollos. Luego y desde hace unos 10 años el legado se ha extendido con Claudia a través de la elaboración de chocolates, merecedores de varios premios nacionales e internacionales, como el Tenedor de Oro 2011, Silver Medal International Chocolate Awards 2012-Canoabo, Bronze Medal International Chocolate Awards 2014: Sur del Lago y Venezuelan Gold 2014: Río Caribe.

“Nicole y Bernardo están en el mundo del chocolate desde que yo comencé, desde muy pequeños. Desde que vinieron al mundo han estado rodeados por cacao”.

Con este contexto, es fácil entender entonces el amor, la empatía y el conocimiento “prematuro” que tanto Nicole como Bernardo tienen sobre el chocolate. Para orgullo de su madre, los dos son la séptima generación en plena formación, aunque ella se lo toma con los pies en la Tierra. “Para uno, existe cierto peso para que la saga continúe, pero eso en realidad nadie lo sabe”, apunta Claudia, una amante y defensora del cacao venezolano a capa y espada.

Al margen de lo que solo el tiempo se encargará de aclarar, Claudia visualiza a Nicole ligada al área de producción, mientras a Bernardo lo ve más en proyectos o planificación.

Nicole y Bernardo en ciertas ocasiones acompañan a su madre a los eventos en los que ella participa, desde catas hasta conferencias, conversatorios o talleres. En vacaciones los pequeños disfrutan las visitas por las ancestrales plantaciones de cacao criollo y trinitario de la familia, en el oriente venezolano.

A diferencia de la infancia de Nicole y Bernardo, la de Claudia no tuvo contacto directo con el chocolate. Sin embargo, el haber estado cerca del cacao le ha servido para entender la ciencia y el arte que hay detrás de la elaboración de cada chocolate, ciencia y arte que ahora sus hijos comienzan también a descifrar.

Claudia es una licenciada en educación integral, con diplomados en mercadeo y psicología positiva, además es sommelier y actualmente cursa un programa avanzado de gerencia en el Iesa.

-Tras seis generaciones de familias ligadas estrechamente al cacao, no debe haber sido difícil involucrar a sus hijos en este campo que incluye ahora el chocolate, ¿cómo ha sido este proceso?
-Ellos están en el mundo del chocolate desde que yo comencé, desde muy pequeños. Desde que vinieron al mundo han estado rodeados por cacao, visitando haciendas en Paria (El Pilar) como parte de las actividades de la familia, incluso, el tema siempre ha estado presente en la mesa. Para ellos ha sido normal saber que su mamá está en algún momento en una cata y, para ello, el apoyo de mi esposo ha sido fundamental. Ambos son unos enamorados del chocolate oscuro y entienden de varietales.

-Para los niños el cacao y sobre todo el chocolate es fascinante, casi mágico, pero ¿qué es lo que más le fascina a ellos de este mundo?
-Se interesan mucho por saber sobre la fermentación y sobre los procesos químicos que terminan en el chocolate con sus aromas. Como  la mayoría de los niños se asombran al ver cómo un fruto se transforma hasta el chocolate. También les llama mucho la atención el tema del tostado y de cómo se funde el chocolate.

-¿Cómo se siente al ver cómo sus hijos crecen como parte de esa séptima generación ligada al cacao y chocolate?
-Cuando uno transmite con pasión afectos o conocimientos a sus hijos, esa pasión es absorbida por cualquier niño en pleno crecimiento. No en vano ambos gustan de la gastronomía, aunque no sabemos si estarán en un futuro ligados al cacao y chocolate. No obstante, cuando le preguntan qué quieren ser cuando sean grandes, el chocolate sale a relucir. Mi hija, por ejemplo, cursante del cuarto grado, logró que sus compañeros de aula trataran el cacao y el chocolate como uno de los temas que se discutió durante un trimestre. Para uno existe cierto peso para que la saga continúe, pero eso en realidad nadie lo sabe.

-Tras curtirse en el cacao, ¿cómo fue para usted ese paso hacia el negocio del chocolate?
-Fue muy interesante no solo ver, sino vivir esta transformación y entender realmente cómo las variedades de cacao afectan los sabores del chocolate. Fue un descubrir de lo que pregonábamos. Yo pasé por todas las etapas de producción y fui yo quien creó las recetas, pero sobre todo fue un reto y ha sido una gran satisfacción la experiencia de crear una marca, un producto.

Claudia Franceschi, una madre con una vida chocolate céntrica. Sus dos hijos, la séptima generación en crecimiento. La historia viva del cacao en Venezuela.

Greta “Purnima” Sánchez: “Cuando se tienen hijos todo se mueve”

Por: Carmen Isabel Maracara / Twitter: @palabracierta1 / Instagram: @palabracierta
Foto: Liliana Elías

Hablar con Greta “Purnima” Sánchez, de Paria Shakti, es vincularse al universo del cacao en una dimensión holística en la que el grano se hace alimento sagrado y sensorialidad. No es casualidad, ya que esta “yoguina” del cacao como ella misma se define, es maestra en kundalini yoga, magister en actuación y en un periplo que incluyó Caracas, Berkeley, Harvard, Nepal, Indonesia y Caracas, entre otras latitudes, llegó hasta Paria, donde inició un proyecto holístico de salud en el espacio que bautizó como Hacienda Paria Shakti, donde también comenzó su aventura con este alimento.

Paria Shakti se encuentra localizada en el valle cacaotero de San Francisco de Chacaracuar, estado Sucre. Su producción, apunta Sánchez, es reconocida nacional e internacionalmente con garantía de pureza ecológica, vitalidad y belleza natural. En Caracas comercializan en Galanga  ubicado en el Mercado Municipal de Chacao y atienden pedidos directos por el correo pariashakti@gmail.com y el teléfono 0416-4018098.

“Knibs”, como ella los llama (trocitos de cacao que resultan del secado y tostado), en presentación de 100 gramos, licor o pasta de cacao 250 gramos para hacer chocolate caliente, 21 granos de cacao crudo y puro (co­ayudante para disminuir la ansiedad y obesidad), mantequilla de cacao (alimento para la piel), trufas vivas, y ahora tabletas de 80 y hasta 90 por ciento de cacao, forman parte de la cuidadosa línea que desarrolla amorosamente, acompañada por Marcos Giovanny Zorrilla, su esposo y padre de su hijo menor Aurelio Lorenzo. El mayor ti ene 9 años y se llama Luziano Blessing.

“Gracias a esa intención de ser madre, de haber gestado, se da todo esto para mí”.

En la entrevista, al otro hilo del teléfono, llegan los sonidos del mar de Caruao, donde se encuentra en ese momento y los pájaros que surcan los cielos. Y luego aparece Aurelio Lorenzo, quien deja los trozos de su voz en una aparición inesperada que busca rescatar a su mamá de este contacto virtual y regresarla donde él está con su hermano e ir a mojarse en la playa.

El Día de las Madres es la excusa para la conversación. Greta habla con pasión de esta elección vital que son sus hijos, desde antes de nacer. “Cuando se tienen los hijos con tanto amor, con tanta intención, todo se mueve. Gracias a esa intención de ser madre, de haber gestado, se da todo esto para mí”.

“De no haberlos tenido, estuviese quizás haciendo un doctorado, viajando. De repente estaría en Indonesia, me iba a quedar a vivir en Bali. Hice un peregrinaje que fue muy decisivo para mí. En Nepal, saliendo de un vipassana, un maestro me invitó a quedarme. Para mí es muy fácil la vida monástica, realmente es así y creo que eso me ha ayudado a estar en la hacienda, en las verdes y las maduras, perseverando.  La yogui, la yoguina que habita en mí, ha ayudado muchísimo y además creo que es un coadyuvante bellísimo para ser madre. A su vez, el ser madre me gusta, me honra. Me honra que este encuentro sea en el marco del día de las madres… Buscamos dharma. Eso es lo que yo deseo transmitir a mis hijos. Lo veo en ellos, creo que son niños con conciencia dhármica”, describe.

-¿A tus niños les gusta el chocolate negro?
Ahora estamos haciendo la primera producción de barras con nuestros moldes propios y la tercera en general. Ellos respetaron el proceso, pero igual decían “mami, una barra, por favor”. Pero les di tres de la primera producción y dos de la segunda y así. Y los “knibs” se los comen, ¡en tanda! También se integran en la elaboración de las trufas vivas. El año pasado, con Aurelio, fue increíble, porque el niño tomaba puños de las trufas y se las metía en la boca y les llevaba al abuelo, que es alcahueta en eso y le daba dos a su hermano. Ellos pueden bajarnos una producción de trufas, incluso picantes. Tenemos una trufa que se llama kundalini, que lleva ají chirel y naranja cajera y se la comen, desde que eran bebés.

-¿Y ya hacen alguna labor en la hacienda?
-Sí, claro. Aurelio, por ejemplo, le gusta ayudar a su papá a limpiar las patas de las matas de cacao, abajo. En esa parte siempre hay enredaderas, trepadoras, que hay que eliminar en el tronco, porque si no asfixian a los cojines florales.

Aurelio es quinta generación de cacaoteros parianos, por su línea paterna. Luziano ya lleva el cacao en su corazón, pues nació y ha crecido en estos aromas y sabores. Ambos, como su madre, saben cuando un cacao no está bien fermentado, cuando es corriente, si le faltó sol.

 “Nosotros re-mistificamos un lujo ancestral como es el cacao”, explica, convencida de que además de la labor productiva, hay que contribuir a sanar heridas en la gente que es la fibra humana del cacao pariano. Y así, en su óptica holística de abordar el mundo, se funde su rol de madre, terapeuta de la tierra, yogui, productora de este oro dulce.

Amanda, su hija y su nieta, tres generaciones cerca del chocolate.

Amanda: “Todos están empapados de cómo es el chocolate”

Por: Carmen Isabel Maracara
Fotos: Cortesía Chocolates Mis poemas

Ya hace 15 años que Amanda González de García inició esta microempresa familiar que desde San José de Barlovento, estado Miranda, produce tabletas de chocolates negro, bombones, polvo y te de cacao y otros productos de repostería bajo el esquema “tree to bar”.

A las 15 velitas de su empresa, cumplidas el 4 de mayo pasado, se suman las 79 que soplará el 19 de mayo,  en medio del vigor y del entusiasmo por sus sueños y logros. Así lo demuestra cuando hace el recuento de esta empresa, que comenzó con su hija Amanda, quien la acompañó hasta el pasado año. “Ella fue fundadora con nosotros. Su esposo, Simón Pérez, hizo las máquinas.  Vivían aquí, conmigo, teníamos 14 años trabajando, pero se tuvo que ir del país. No voy a abandonarlo: éste es mi país, es el que tengo y el que quiero. Y hasta que tenga el último soplo de vida y pueda laborar, sigo trabajando con cacao”, advierte orgullosa.

El nombre de esta firma, Chocolates Mis Poemas, refleja el amor de esta madre venezolana por su prole, ya que cuenta que cuando tuvo que escoger una denominación, pensó en Mis Poemas, que es como llamaba a sus hijos.  Amanda tiene seis hijos y cuatro nietos, quienes de alguna u otra forma participan en la actividad. “El que no hace una cosa, hace otra y cuando vienen los fines de semana, también me ayudan. Todos están empapados de cómo es el chocolate y su movimiento. Inclusive los nietos, dos varones y dos hembras, quienes están grandes. Los más pequeños llegan a la tienda pidiendo chocolates para ellos, sus amiguitos y la maestra, “porque saben que al llevarle chocolate a la maestra, como que están en la buena”, arguye con picardía.

“Ellos han aprendido todo lo que yo hablo por ahí cada vez que me invitan para dar una charla. Están involucrados”.

De mayor a menor, los “poemas” de esta madre venezolana se llaman Ángel Ramón, Álex Román, Amanda Rigei, Alba Rocío, Adela Rubí y Alberto Rafael. Los varones, comenta, le ayudan en las ventas, mientras las hijas que permanecen en el país, le otorgan asistencia para la compra de insumos en Caracas.

-Como madre, ¿qué legado le gustaría dejar a sus hijos y sus nietos?
-Ellos han visto que esto es provechoso, agradable y lo distrae a uno. Es decir, que tiene un futuro. Y de hecho, cuando aquí me avisan que viene un autobús con muchas personas, yo los llamo y se vienen casi todos a ayudar a atender a la gente. Ellos han aprendido todo lo que yo hablo por ahí cada vez que me invitan para dar una charla. Están involucrados.

-¿Cree que alguno pueda seguir sus pasos?
-Sí, el hijo menor, Alberto y la esposa, ellos están ganados para esto. De hecho, mi nuera vende junto con él. Cuando yo desaparezca, creo que son ellos los que están más propicios a continuar con esto.

-¿Y cómo va a celebrar el Día de la Madre?
-Como yo tuve una floristería por muchos años en Caracas, para mí era un día de trabajo y más trabajo. No lo hemos celebrado como la gente lo hace. Para mí, el Día de la Madre es cotidiano y no lo que dicen en la televisión. Lo que sí importa es que los hijos estén presentes cuando uno los necesite y los tenga al lado. Claro, siempre vienen y hacen un almuerzo, una parrilla. Lo que pasa es que como yo cumplo el mes de mayo, a veces se junta el hambre con las ganas de comer.

Al proyecto iniciado hace 15 años, ya se incorporan nietas como Sol Alejandra García y Natacha García, quienes los fines de semana ayudan en la tienda a envolver bombones, colocar etiquetas, atender a los visitantes. Ellas crecieron en un mundo con olor a chocolate y como tal forma parte de sus vidas.

Tradición y cruce de culturas en La Marcona.

Chocolates La Marcona: “Le hemos transmitido a los hijos el amor por lo que hacemos”

Por: Carmen Isabel Maracara
Fotos: Cortesía Chocolates La Marcona

La empresa Molina y Cía, cuya marca se posiciona como Chocolates La Marcona,  tiene una historia que ya casi alcanza la tercera generación. Todos los hijos de Francisco Molina (Paco) y Dolores Pérez (Lola), han seguido la línea trazada por sus antecesores en el año 1957 cuando llegaron a Venezuela y tanto María Teresa (la mayor), Francisco y Carolina Molina Pérez, siguen al frente con sus familias viéndoles crecer.

De pequeños, los actuales sucesores de la empresa primigenia, vieron y participaron de la elaboración de los productos que surgieron primero en la casa familiar de Maripérez y más tarde en los Altos Mirandinos.

La hija mayor, María Teresa, hoy a cargo de Mercadeo y Ventas, fue la primera que se integró a la empresa familiar, cuya segunda casa paterna se ubicó al lado de la empresa tras ser trasladada a Carrizal, Miranda. Cuando se casó y tuvo su hija Laura, ella también se sumó al escenario de confites, turrones y chocolates iniciado por Don Paco y Doña Lola. Su rol de madre y empresaria se vieron fundidos en el mismo espacio.

“Es la primera de la nueva generación de relevo que seguirán la hermosa labor que iniciaron los abuelos”.

“Te comento que yo me crié amando el chocolate. Participaba al ayudar un poco en todo y probando, junto a mis hermanos, todos aquellos productos que creaba mi papá. Mi hija Laura es la mayor de sus primos y no caminaba todavía cuando su abuelo la llevaba a la planta a ver todos los procesos; siempre me la regresaba con su carita llena de chocolate, ¡le encantaba!”.

“Su papá y yo, hemos tratado de trasmitirle el amor por nuestra empresa y lo que en ella hacemos. Laura lleva todo eso a todas partes. Hoy por hoy, ella se está formando en el exterior,  y  asesora, desde donde esté, nuestras redes sociales. Es la primera de la nueva generación de relevo que seguirán la hermosa labor que iniciaron los abuelos”, precisa orgullosa María Teresa Molina Pérez.

Para celebrar este Día de las Madres, la empresa ofrece sus tradicionales bombones de chocolate (avellana, surtidos, de ron, además de un concurso que lleva como lema “Mi mamá me mima”, cuyas bases se encuentran en un enlace de su cuenta de Instagram, @chocolateslamarcona. El ganador recibirá una cesta con productos variados con chocolate de esta empresa venezolana. La promoción se realizó desde el 02 de mayo hasta el 10 de mayo del presente año.

Ángela comenzó haciendo talleres y ahora sus hijos la ayudan en la elaboración de chocolates.

Ángela Montaperto: “Mis hijos son mis más fieles seguidores y críticos”

Juan Pablo Crespo /@juanpamark

“¿Y por qué no organizas un taller de bombonería en el sótano de mi casa?”. Le comenta Graciela a su hija Ángela Montaperto para ver si así se ganaba un dinerito extra. La idea despierta en Ángela un gusanillo dormido, por lo que no duda en armarse con los utensilios y, por supuesto, con chocolate venezolano. Días después, cuando tiene todo listo, junto con su esposo Carlos se dirige desde Los Teques hasta San Cristóbal, donde la señora Graciela tiene acondicionado el sótano y hasta las alumnas para el taller.

Todos viven en la ciudad del estado Miranda hasta que Graciela y su marido deciden mudarse a la capital de Táchira en busca de tranquilidad y una mejor calidad de vida. Pero ella queda viuda, por lo que las visitas de Ángela para visitar a su madre en San Cristóbal se intensifican. Y es en uno de esos viajes que Graciela insta a Ángela a preparar con todos los hierros el taller.

Corre el año 2014 y el éxito de los talleres de Ángela es tal que organiza una segunda actividad, luego una tercera, la cuarta, la quinta… Y así aquella idea termina en el nacimiento de lo que hoy se conoce como Gocholate, un emprendimiento en el que participan denodadamente los dos hijos de Ángela,  Luis Alberto y Carlos Daniel, dos colaboradores que no desmayan en apoyar a su madre. “Ambos hacen el mejor equipo, son mis más fieles seguidores y férreos críticos”.

Para cuando Ángela comienza a organizar los talleres de bombonería, ya acumulaba varios talleres de capacitación. Pero no es suficiente, el crecimiento del Taller de Bombonería Fina Artesanal Gocholate la estimula para seguir aprendiendo sobre las distintas técnicas, a investigar y a participar en diferentes ferias como Miranda Sabor a Chocolate. “Luego inicié estudios avanzados sobre el cacao en la Escuela de Chocolatería de la Alba. Empecé   a visitar haciendas de cacao, hacer rutas y a obtener la mayor cantidad de conocimientos posibles sobre la siembra, las buenas prácticas agronómicas y todo el proceso post cosecha. En fin, ¡a elaborar chocolate!”, describe esta madre con título en Psicología Industrial de la Universidad Central de Venezuela. “Posteriormente, seguí haciendo más cursos, como uno que realicé con la Fundación Macuare y la Fundación Nuestra Tierra, así como con chocolateros y expertos como Giovanni Conversi, Mileidys Nieves, Jean Letondeur, Jessie Pino, Andrés Eloy Landaeta, Alexánder Espinoza, José Luis de Campo y Clímaco Álvarez”.

“Nuestros hijos son el mejor tesoro, el más exitoso proyecto. Juntos somos el engranaje perfecto, el motor que mueve nuestra familia”.

Para Ángela, una madre soñadora, romántica y emprendedora no resulta difícil involucrar a Luis Alberto y Carlos Daniel, hoy de 26 y 21 años, respectivamente, en el proyecto achocolatado.  Luis Alberto inicia sus pasos como ejecutivo de ventas de Gocholate y Carlos Daniel se convierte en el catador oficial de la familia, y quien además al lado de su hermano disfruta de las faenas  de moler, descascarillar, empaquetar y hasta lavar los platos. “Mis hijos son el mejor tesoro, el proyecto más exitoso. Junto con Carlos, con quien comparto mi vida desde hace 30 años, hacemos el engranaje perfecto”.

-Se le nota la felicidad al hablar de sus hijos, quienes la acompañan desde el inicio de su emprendimiento, háblenos de ellos.
-Luis Alberto, de 26 años, ingeniero en telecomunicaciones, un talentoso e inteligentísimo joven, trabajador y emprendedor desde jovencito, con ideas frescas y muy técnicas que me ayudan con algunos procesos y equipos; él fue el primer ejecutivo de ventas (vendiendo bombones de sarrapia, cardamomo, flor de Jamaica, Miramar, guanábana, café, tamarindo curazao azul, y cuanto nuevo sabor creara, a sus compañeras de trabajo) y Carlos Daniel de 21 años, estudiante de ingeniería mecánica, artista, creativo, un chico introvertido, pero colaborador  incondicional, catador oficial, muele, descascarilla, empaqueta, friega, organiza y hace lo que le pida, por una buena dosis de chocolate. Ambos, el mejor equipo, mis más fieles seguidores, mis más férreos críticos, mis mejores asistentes, acompañantes, mis grandes amores.

-Cuando arranca Gocholate ya sus hijos están grandes, ¿cómo fue ese proceso de involucramiento?
-Nuestros hijos son el mejor tesoro, el más exitoso proyecto. Juntos somos el engranaje perfecto, el motor que mueve nuestra familia. Por tanto, ha sido fácil que participen y colaboren con Gocholate, están dispuestos cuando necesito su colaboración porque conocen la pasión que me inspira el chocolate y trabajar con cacao. Ellos son  mis principales aliados y les agradezco.  Es mi orgullo como madre saber que están allí cuando se les requiere, se involucran voluntariamente cuando estamos en plena faena de descascarillado o molienda; son los primeros voluntarios en limpiar paletas y envases, empacan como expertos aunque ¡desaparezcan algunos cientos de gramos misteriosamente al final del proceso!

-La facilidad de palabra es uno de sus fuertes, ¿cómo se describe como madre?
-Como una madre orgullosa, mujer soñadora, romántica y emprendedora, profundamente humana, defensora de la individualidad, naturaleza única e irrepetible del ser humano; no hay dos seres iguales, cada quien es un mundo, una maravilla de la creación de Dios. Es por eso que creo que cada quien tiene su historia, su espacio, su tiempo y mejor momento. ¡Y el mío es hoy! Aunque estudie Psicología Industrial en la UCV no ejercí la profesión en el área, pero decidí dedicarme a ser madre y esposa, me propuse ser madre amorosa, moderna, firme, orientadora, amiga, amplia y brindar a mis hijos lo mejor de mí como ser humano; siempre apoyada en Carlos, mi compañero, mi socio, mi amigo; construimos un hogar que bendigo a diario y agradezco a Dios por lo vivido.

Ángela Montaperto es una madre feliz que comienza a navegar con rumbo firme por el mundo del chocolate. Dos remos a su lado la impulsan: sus hijos Luis Alberto y Carlos Daniel. Recientemente, elaboraron su primera barra Bean to Bar (70%),  con un cacao seleccionado F1, que adquirió en el Inia Miranda. “Nos fascinó”.

¡Felicitaciones a todas las madres!

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