La Marcona: “El sabor de nuestro chocolate es un privilegio único”

In NOTICIAS, PROTAGONISTAS by Juan Pablo Crespo

Por: Carmen Isabel Maracara
Twitter: @palabracierta1 / Instagram: @palabracierta
Fotos: Carmen Isabel Maracara y Chocolates La Marcona

Son los finales de los años cincuenta. Y Europa, aún devastada por los efectos de dos  guerras mundiales y,  España,  afectada por una conflagración civil que también sumó estragos, mira hacia América. Un granadino, nacido cerca de la maravillosa Alhambra, cuyos jardines evocan un paraíso en la tierra, concretamente en el pueblo de Pinos Puentes, decide venirse a un país de América del Sur. La ruta todavía no está definida del todo, quizás Argentina, México, Chile… Pero en el puerto de Barcelona, a un paso de embarcar, entre las conversaciones y amistades que surgen de la emergencia de partir, surge un nombre: Venezuela.

Así es como en el año 1957, con 27 años, Francisco Molina (Paco), que pocos años más tarde se convertiría en el fundador de la empresa Molina y CIA, posicionada hoy como Chocolates La Marcona  llega a Caracas, bajo la promesa de que aquí “ofrecían muchas facilidades para los inmigrantes que venían de Europa”, cuenta su hija María Teresa Molina, la mayor de los tres hijos que tuvo junto a Dolores Pérez (Lola). “Somos la segunda generación, soy la mayor de los tres hermanos y cada uno está a cargo de una área específica . La mía es mercadeo y ventas. Mi hermano Francisco está en el área de operaciones y mi hermana Carolina en el área de administración y finanzas”.

Actualmente, Chocolates La Marcona es una sólida empresa establecida en los Altos Mirandinos, donde se instaló hacia finales de los años 70, ya que los inicios se dieron en Maripérez. Luego el espacio se hizo pequeño y se adquieren las actuales instalaciones de otra empresa del sector que no pudo consolidarse.

La Marcona, una empresa familiar que nació de la mezcla de dos culturas.

Turrones y garrapiñados de tierra venezolana

La Marcona nació de una añoranza, del deseo de consumir los dulces andaluces, en esta nueva tierra donde se ofrecían deliciosos postres criollos, pero donde faltaban almendras recubiertas, turrones, frutos secos garrapiñados, tan básicos en la culinaria del pueblo andaluz como para un venezolano de ese entonces, un besito de coco, un aliado o una jalea de mangos. La impronta andaluza aparece en escena en los azulejos, el patio central, los colores que acompañan la casa de los fundadores, una herencia vuelta mestizaje dentro del paisaje mirandino.

“Él comenzó a trabajar al día siguiente de llegar. Luego se dedicó a las ventas y empezó a vender confites, pero añora sus postres españoles, y se decide a fabricarlos”, comenta su hija mayor. A las duras horas del trabajo en el Trópico, sin bienes ni ahorros, se suma el trabajo al llegar a casa. Doña Lola le ayudaba a realizar y empaquetar almendras  garrapiñadas, las que él mismo saldría a vender en los negocios caraqueños de la época. Poco tiempo después compró una pequeña maquinaria con la que comenzó a fabricar turrón y luego unos “bombos grageadores” (especie de caldero gigante de cobre), con el que realiza las almendras recubiertas. Todavía no hay dinero para pagar empleados y don Paco distribuye estos productos junto a otros confites.

“Fuimos la primera fábrica en América Latina de turrón e inventamos el  turrón tipo alicante cubierto con chocolate”.

“Mi padre estuvo en la junta directiva, casi hasta que falleció, en el año 2007. Él se fue retirando, pero era un hombre de gran empuje, trabajador como ninguno. Mi mamá también trabajaba y cuando él hacía las almendras, ella se las pesaba, las empaquetaba, las acomodaba en cajitas y él se las llevaba al día siguiente. Así comenzó nuestra fábrica, de manera muy artesanal”.

Y Venezuela se convierte en el lugar donde se concretan los sueños: “Mi padre se da cuenta de que el chocolate era perfecto y comienza a crear mezclas, a hacer fusión entre las dos culturas. Fuimos la primera fábrica en América Latina de turrón e inventamos el  turrón tipo alicante cubierto con chocolate. Estaban comenzando a hacerse los pralinés, pero el turrón duro, español, bañado con nuestro cacao, lo hicimos primero nosotros en todo el mundo”, explica María Teresa Molina, para añadir que tal producto se inspiró en la solicitud de la colonia italiana en Venezuela, acostumbrada al turrón blando recubierto de chocolate, algo no presente en España.

Un abanico de colores y sabores.

Resistentes antes las crisis

Las maquinarias que permitieron que La Marcona se expandiera, llegaron en tiempos del llamado Viernes Negro, en 1983. Las deudas por créditos en dólares se alzaron, pero desistir no era una opción. La mayor de los hermanos Molina, recién graduada de arquitecto, en un país donde la construcción estaba paralizada por la coyuntura económica, se incorpora a solicitud de su padre en la fábrica donde había crecido.

Pese a las dificultades, la empresa logra hacer frente a sus deudas y se mantiene en el sector. Y de las bolsitas caseras fabricadas por Paco Molina,  La Marcona se convierte en una referencia en el sector galletero, pastelero y heladero del chocolate y los grageados.

“Fabricamos a Nabisco el fudge para la Oreo y las gotas para las Chips Ahoy; a EFE, el turrrón, almendras y lluvias de chocolate. A Tío Rico, el fudge de fresa, coberturas, lluvias de colores. También le trabajamos a Marinela y Galletera Carabobo y durante varios años fabricamos el Dandy de La India y su chocolate para taza. Actualmente hacemos junto a Puig las galletas Delicias María”, apunta Molina. En el recuerdo de muchos venezolanos, está el pastelado, cuya cobertura de chocolate lo convertía en el deseado por muchos: también fue obra de La Marcona.

La calidad está presente en una variedad de productos.

Una nueva estrategia de mercadeo

La empresa cuyos antecedentes se produjeron a partir de 1960, nace formalmente en 1968. Pero luego de varias décadas sirviéndole al sector industrial, casi en anonimato y solo con sus turrones y almendras posicionadas en el mercado, decide, en las manos de su segunda generación, dar un vuelco para ampliar su oferta directa de productos, con una propuesta de calidad y buen precio.

Explica María Teresa Molina, que hoy el producto estrella de la empresa es la línea de grageados: Frisbi, Almendrinas, almendras y avellanas cubiertas con chocolate. “Hemos incursionado también en la fabricación de tabletas con frutos secos, chocolate para taza, chocolate bitter 60 por ciento, chocolate con leche, bombones de crema almendras o avellanas y con licor. También tenemos un chocolate en tubito, el Nutty,  con avellanas”.

Pese a la crisis, esta empresa no se detiene y enfrenta con creatividad la realidad. “Si se acaban las almendras, inventamos algo con maní; permanentemente nos estamos adaptando a lo que hay, a lo que se consigue en el mercado. Fabricamos las gotas para la industria pastelera y galletera y si se acaban los ingredientes, entonces hacemos lluvia de chocolate. Con la mantequilla de maní se pueden hacer cosas deliciosas, por ejemplo. Y seguimos investigando.  No dejamos de movernos, porque creemos mucho en esto”

“Nosotros recibimos licor, la manteca y el cacao en polvo y allí hacemos nuestras mezclas y sabores, fabricamos nuestro chocolate. Es cacao 100 por ciento venezolano. Y ese es nuestro privilegio. Ese sabor no nos los quita nadie. Y nuestros muchachos se están preparando: ese es el sueño: que ellos sigan”.

Twitter: @lamarcona
Instagram: @chocolateslamarcona