“La plantación de cacao es la mejor aula que existe”: Calixto López

In Aniversario by Juan Pablo Crespo0 Comments

Juan Pablo Crespo / @juanpamark
Fotos: Julio Osorio

Dicen que hijo de gato caza ratón y que quien se enamora del mundo del cacao no puede luego escaparse de su encanto. Así le pasó al productor Calixto López, uno de esos emblemáticos trabajadores del campo en la Península de Paria. Un hombre que combina armoniosamente parte de las cualidades más apreciadas en un ser humano: la humildad y los conocimientos.

Las horas se pasan volando con Calixto cuando habla de cacao. Lo hace con un amor, fluidez y empatía tal que envuelve hasta al más desentendido, además es alegre, sonriente y desde pequeño le gusta preguntar. Por eso se siente tan cómodo cuando lo interrogan sobre el Theobroma cacao. ¡Un “radio prendío” cuando de la semilla se trata!

 

Un estudioso del cacao.

El campo en sus genes

Calixto nació y vive en Agua Fría, a unos 30 kilómetros de Río Caribe, en la Península de Paria, en Sucre, estado del oriente venezolano donde el cacao tiene profundas raíces culturales, históricas y económicas.

Sus padres fueron también campesinos, pero a él le tocó la tarea de subir los escalones de la especialización. De hecho, durante los últimos 20 años se ha dedicado a la investigación y recopilación de los materiales con características de Criollo. En este sentido, en su finca Gancho Chiquito de unas 12 hectáreas y 12 mil plantas tiene un trabajo realizado. “He rescatado algunos materiales y los estoy reproduciendo. Con esos materiales elaboro los Chocolates Agua Fría”.

Calixto, de 65 años, dice que en las últimas dos décadas ha vivido y aprendido más que en los años anteriores, precisamente por esa compenetración que ha tenido con los árboles que componen su plantación. “He aprendido a identificar y seleccionar los tipos de cacaos. El conocimiento es sinónimo de vida”.

Para el productor, el cacao no es solo la base del sustento familiar, es una pasión que corre por sus venas y lo inspira a pensar siempre en cómo se puede ir más allá sin bajarse nunca de los rieles de la excelencia. “Me he especializado en el desarrollo de plantas a partir de injertos o clonación. Hacer una polinización, por ejemplo, es algo fascinante”, describe.

 

Calixto López es un capacitador por excelencia.

Dulce satisfacción

Por esa misma calidad que le imprime a cada etapa de su trabajo es por lo que sus semillas fueron escogidas para la elaboración de las dos primeras tabletas de Cacao de Origen, Agua Fría 70% y Agua Fría 75%. “Ver el cacao transformado en chocolate es una especie de sueño logrado. Siento una enorme satisfacción”.

Actualmente, en la Escuela Río Cacao se elabora chocolate en barras a 70% o 75% con las semillas de Calixto. De allí se lleva hasta Cacao de Origen (Caracas), donde se transforman en pequeñas, ricas y nutritivas tabletas.

Calixto tiene dos hijos ya grandes que también trabajan en la finca cacaotera. Su esposa lo apoya incondicionalmente. Su abuelo materno, oriundo de Margarita, durante la Guerra La Libertadora llegó a la costa de Sucre, por donde inició el camino hacia la montaña; en la ruta encontró cacao, se instaló y lo sembró. Así comenzó la hacienda.

 

Calixto le ha dado valor agregado a su cacao.

Calixto aprendió y trabajó en distintos oficios. Fue y vino, pero terminó donde nació, entre cacao.

A los 14 años se lo llevaron a Caracas, epicentro del desarrollo y de grandes centros educativos. En la capital estudió contabilidad en el Centro Contable Venezolano. Luego se formó en el campo eléctrico y laboró en la Electricidad de Caracas. Más tarde se ganó la vida como transportista en un diario caraqueño. Con frecuencia viajaba a Sucre. Fueron años de ir y venir.

En Caracas encontró su media naranja, se casó y cuando aquella ciudad de los techos rojos comenzó a perder parte de su antiguo encanto, hizo maletas y en 1979 regresó a Agua Fría.

 

Calixto López, un productor que sueña y trabaja para que Venezuela desarrolle todo su potencial cacaotero.

El campo, escuela y legado

Con unos ahorros se compró una camioneta y comenzó a llevar y traer pasajeros a Caracas, hasta que se dejó llevar por el instinto de su sangre, dejó el volante a un lado y se subió al mundo del cacao. Entonces corría el año 1992, cuando comenzó a realizar cursos y talleres “por todos lados”, como él mismo lo rememora. A medida que se llenada de conocimientos, en esa misma medida se internaba más y más entre los sembradíos de cacao. “La plantación de cacao es la mejor aula que existe”.

Recuerda Calixto que de niño y adolescente se divertía entre los árboles y sus mazorcas, sin saber que se entretenía entre una especie de oro marrón. “De eso me di cuenta más adelante y por eso comencé el estudio del rescate de los cacaos de almendras blanca”.

Estos trabajos de investigación los realizó de la mano del la Fundación Proyecto Paria y el apoyo de programas de embajadas. “Quedó demostrado que los cacaos de almendras blanca son hijos de Criollo”. Allí, uno de sus tantos legados.

 

“Hemos podido hacer de la actividad un negocio rentable con paciencia y buena administración”.

Para el productor pariano las buenas prácticas agrícolas son sagradas y forman parte del aprendizaje, “que en realidad nunca termina porque es un proceso continuo y que incluye adaptarse a los avances del conocimiento científico”.

La planificación y la paciencia son otras de las virtudes que definen a Calixto, de piel morena, típica de los que vinieron al mundo por la Península de Paria. “Para mí, el punto más crítico del cultivo de cacao es el tiempo de espera de producción de la planta porque las plántulas son muy frágiles”.

Tras décadas de experiencia, Calixto reconoce que es duro vivir del cacao por la situación del país y porque la cosecha se presenta en ocho de los 12 meses del año, “sin embargo hemos podido hacer de la actividad un negocio rentable con paciencia y buena administración”.

El Calixto reflexivo suele salir también a flote con facilidad, producto de esa experiencia y conocimientos acumulados, que en una sola palabra puede resumirse en sabiduría. “El cacao venezolano ha sido descuidado por los gobiernos. Del lado gubernamental debe existir una mayor responsabilidad y visión de trabajo de mediano y largo plazo, así como acompañamiento. Por otro lado, a muchos productores se les otorgó créditos sin ningún tipo de control, lo que creó un vicio y además ocasionó, por supuesto, resultados contraproducentes. También, cuando se abrió la comercialización aparecieron unos intermediarios que desvirtuaron el mercado, al punto que han provocado que cada vez exista menos interés por procesos como la fermentación o el secado”.

Calixto López es un productor de cacao pariano de pura cepa, entregado día y noche a su cultivo, con las herramientas de las buenas prácticas siempre a mano, un trabajador del campo de esos que engrandecen a Venezuela y la fértil tierra sedienta de hombres y mujeres comprometidos con el campo.

 

 

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