Mileidys Nieves: “El cacao y el chocolate venezolano son mi pasión”

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Por: Evelin Antolinez / evelinantolinez@gmail.com
Fotos: Cortesía Mileidys Nieves

Mileidys Nieves se desplaza con naturalidad, pero con mucha energía, por los caminos que un día la llevaron a la senda del cacao. Con una sonrisa eterna y mirada de niña inquieta y curiosa, esta joven ingeniera en Procesos Industriales, recorre plantaciones pequeñas y medianas, laboratorios de emprendedores, catas y ferias para aportar su experticia en pro de las buenas prácticas agrícolas con la finalidad de garantizar la calidad de nuestra almendra.

Su pasión por el cacao nació como nacen los grandes amores, sin buscarlo, sin proponérselo. Todavía estudiaba en la Facultad de Ingeniería de la UCV, Núcleo Cagua, estado Aragua, cuando, junto a sus compañeros de estudios, emprendió el servicio comunitario en una chocolatería de la región.

“Ese fue mi primer contacto real con el cacao y el chocolate. Fue en la escuela de la Chocolatería del Alba que queda en Maracay. Tenía apenas un año de apertura, estaba nuevecita la línea, las máquinas estaban recién instaladas, un espacio muy nuevo, muy pulcro, muy limpio, pero le faltaban manuales de producción, de mantenimiento de las máquinas, era todo muy básico y como la idea del servicio comunitario es aportar, decidimos hacerlo allí, porque es de chocolates, nos gustaba el tema. Todos nos integramos. Fue bien bonito, porque nos dividimos los temas, a mí me tocó la parte de emprendimiento, no sé si es casualidad, pero es como si las cosas fuesen sucediendo y engranando”, comenta.

 

Sonriente y curiosa. El chocolate y el cacao son parte del motor de su vida.

Un sueño real y excitante

Este encuentro con el cacao, más que un despertar a nuevas experiencias, fue el inicio de un sueño que permanece vivo y palpitante, pues parece confirmar lo que muchos afirman, que quien entra en el mundo del cacao, felizmente nunca sale de él. Que es un enamoramiento perdurable y exigente.

“Nuestro aporte fue darle herramientas a los emprendedores que hacían cursos y talleres de bombonería, de qué hacer después, es un tema de liderazgo, enseñarles a cómo posicionarse en el mercado, lo que pueden hacer con sus bombones y también, a los niños que iban en  un programa de visitas, cuando los recibíamos les hablábamos acerca del cacao, desde la plantación, las mazorcas y todo ese proceso y me iban surgiendo más inquietudes. Yo estoy haciendo esto, pero es muy básico. Surgieron en mí muchas inquietudes. No sabía nada relacionado con el cacao: fermentación, secado… ¿Qué es eso?”, dice entre risas.

Su deseo de conocer más acerca del mundo de este prodigioso grano, esas inquietudes nacientes pero vigorosas, la llevaron a iniciar un periplo no solo por la literatura especializada en el tema, sino que la condujeron al templo de los chocolateros: las ferias del cacao.

 

“Yo soy optimista, mi amor por el cacao y por mi país son mis mejores armas para enfrentar lo que venga”.

“En ese entonces se realizó la I Feria Internacional de Chocolate, fue muy buena por cierto, y ahí entré en contacto con los primeros líderes del cacao. Quién iba a pensar que ahora somos buenos amigos, pero en aquel momento eran mis ídolos, como José López, de Plan Cacao Nestlé, la profe Rosa Spinosa, ¡uyyy, y así un montonar de gente”, agregó.

Fue así como, venciendo sus temores y armada de una libreta de hojas blancas y un arsenal de preguntas, se enfrentó a tan distinguidas personalidades.

“Entonces yo llegaba con una libretica, literalmente y anotaba… Así llego a un stand que era del Diplomado en Gerencia de la Industria del Cacao en la Universidad Simón Bolívar, y le planteo mis interrogantes y me invitaron a cursar ese diplomado. En ese momento vivía en Cagua y agarraba mi busecito y me venía al diplomado y a cuanto evento había”, recuerda.

“Otro evento importante para mí fue El Gran Banquete de los 500 años del cacao en Venezuela. Eso fue muy clave para mí. Los invitados de lujo: María Fernanda Di Giacobbe, que para mí en ese momento era ¡WAOOO! –y se explaya en la última vocal- ahorita, na guará, ya hemos trabajado juntas, para mí es una muy buena amiga, me da buenos consejos, pero en ese momento yo había recién leído su libro que se llamaba El cacao en Venezuela y conocerla fue, ¡qué espectáculo! no había sentido eso nunca. Yo he visto artistas, pero nunca había sentido interés en conocerlos…  Con ellos, ¡waooo … el cacao ¡ y me llevé mi libro y le dije: por favor ¿me puede dar un autógrafo? También estaba ahí Ocarina Castillo, Los Franceschi, y yo ayyyy: Mira al sr. José Vicente … Mira waooo, claro, yo con mi cara muy seria, pero por dentro… súper emocionada”, añadió entre divertida y nostálgica.

 

Estar en contacto con las comunidades cacaoteras es clave para Nieves.

Se abren las compuertas

“Soñar es el lenguaje que utiliza el destino para comunicar a una raza especial de seres humanos que el camino es aún mucho más extenso que el que los ojos alcanzan a divisar.” Así afirmó un día Ramiro Cepeda Alvarado, editor ecuatoriano, a propósito de personas con ganas de luchar por sus ideales. Y añadió que muchas veces: “Se considera al soñador como un ser estúpido. Aquel que cree en cosas que los demás y hasta el sentido común las han desechado por no ser reales.” Uno de esos seres soñadores, más no fantasiosa, es Mileidys Nieves, tachirense de nacimiento, aragüeña de corazón, quien desde muy joven supo darle forma a sus ideas, con el cincel del trabajo y la mandarria del empeño y la constancia.

Y como quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, se supo rodear de las personas conocedoras e influyentes del mundo del cacao y de la chocolatería en Venezuela.

 

“El nombre de ICOA provienes de la mitología indígena de los indios Waraos, de la península de Paria, que cuenta de las gemelas Icoa e Icoa-Urú”.

“Yo estuve en la primera corte del diplomado, vi los dos últimos módulos y luego dije, si ya hice los primeros voy a terminar de hacer lo que me falta, no importa que repita los que ya he hecho, eso sirve para refrescar los conocimientos y si tengo inquietudes, más todavía. Eso de verdad fue para mí una ventana de oportunidades y me dije: de aquí nadie me detiene, ya comencé esto, vamos a ver hasta dónde llega. De hecho esos inicios han sido clave para lo que hago actualmente, para decirme aquí hay mucho más que hacer, me quedo con este mundo del chocolate.”

Hoy, Mileidys ve cristalizados sus sueños. Es la diseñadora de cuatro prototipos de guillotina para pruebas de corte de semillas de cacao, las primeras con sello venezolano y es fundadora de la Chocolatera ICOA 1489 C.A., un emprendimiento nacido en el año 2016.

“El nombre de ICOA provienes de la mitología indígena de los Waraos, de la península de Paria, que cuenta de las gemelas Icoa e Icoa-Urú, la primera, Diosa de las aguas dulces y tranquilas, mientras la otra es Diosa del mar. Entonces me dije: donde hay cacao hay agua dulce y agua de mar… ummm, me gusta. La leyenda dice que se solían vestir de blanco en señal de pureza y eso es lo que yo quiero de mi empresa, es lo que le quiero ofrecer, pureza y transparencia en la relación con mis clientes y productores. Eso me capturó a mí. De 1489 es algo muy cómico porque la gente empieza a sacar cuentas y a preguntarse qué pasó con el cacao antes de la llegada de los españoles a Venezuela. Seguro pasó algo con el cacao que yo no sé. No, no pasó nada, o mejor dicho, sí pasó, nació esta genio, esta preciosura que ven aquí y la gente se echa a reír”, cuenta divertida.

 

Mileidys Nieves, siempre presente en los eventos del chocolate.

A pesar de la situación país, Mileidys Nieves y su equipo aseguran tener el compromiso de apostar por  Venezuela. “Porque este es mi país y creo que es el país de las oportunidades. Esta empresa está orientada a los servicios de acompañamiento técnico a productores de cacao, artesanos, chocolateros, emprendedores y PyMES afines. Nuestro deber es impulsar nuestro cacao y chocolate con altos estándares de calidad, esto con la gestión de los conocimientos técnicos y la promoción de maquinarias que puedan optimizar los procesos en cualquiera de sus etapas. En ICOA 1489 C.A., creemos que nuestra gente tiene un corazón de chocolate, derivado de una cepa única que solo crece en tierra venezolana y tenemos el deber de cultivarlo para que siga dando excelentes frutos”, afirmó.

Aquello que empezó por curiosidad e inquietud estudiantil -algunos decían que estaba obsesionada con el tema-hoy se ha transformado en amor por ese grano orgullo de nuestra nación.

“El cacao y el chocolate venezolano llegaron para quedarse en mi vida y ahora son mi pasión. Siento amor por lo que hacemos día a día, así como admiración por nuestra gente. Aunque el panorama esté negro, no lo desmiento, sigo creyendo en las grandes posibilidades que tenemos para salir de esta y de cualquier otra crisis. Yo soy optimista, mi amor por el cacao y por mi país son mis mejores armas para enfrentar lo que venga”.

 

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