mitos-y-leyendasimg_2254Amarrando diablos en La Maroma

Por Maria Mercedes Rodriguez Z.

Durante siglos, las civilizaciones se han construido en torno a mitos y leyendas que han creado un imaginario histórico que termina definiendo cada comunidad. El sector La Maroma, de la población de Barlovento, en el estado Miranda, no es la excepción. Este lugar ha visto pasar sus días entre mitos y leyendas que involucran diablos ocultos entre los árboles, héroes que los enfrentan y hombres cuya sabiduría los despoja de su forma humana y los convierte en hojas y en animales. A ese pueblo nos fuimos listos para sorprendernos y dejarnos llevar por la magia oculta entre sembradíos de cacao.

Maximino Matos es uno de esos héroes que asegura haberse enfrentado a los malos espíritus, un hombre de manos fuertes y sonrisa franca, de rostro curtido por el sol y abdómen de piedra, con los años reflejados en su experiencia y listo siempre, son su machete en la mano, por si le toca pelear nuevamente con algún demonio, ya sea en forma de espíritu o de carne y hueso. Maximino fue nuestro guía en esta ocasión y nos condujo a través de las plantaciones de cacao en La Maroma, permitiéndonos adentrarnos en el maravilloso mundo de los productores de esa zona llena de misterios increíbles.

Cruzando el río en pañuelo

Maximino nos contó la razón por la cual La Maroma se llama de esa forma,antes, pa ´pasar pa ´acá había un puentecito y si lo pelabas… ¡Chupún! ¡ Te caías al agua! Entonces había que hacer maromas pa `pasar”.

Después de un rato hablando sobre la comunidad y el sector en sí, nos comentó que algunas personas que, “sabían demasiado”, se podían convertir en hojas, en comején o incluso “eran capaces de pasar el río en un pañuelo”.

De amarrar diablos a cruzar haciendas

Para los habitantes de La Maroma es muy importante la trascendencia de esos mitos y leyendas, tanto así que desde hace mucho tiempo en este sector “se amarran diablos”. “Por aquí pasaba el diablo pegando gritos y diciendo “iojoooo”. Maximino jura quecuando ese bicho gritaba los palos se agitaban tanto que botaban las hojas con una fuerza descomunal”.

Cuenta la leyenda que en La Maroma existía un señor llamado Anselmo Mata, quien amarró con cadenas a un diablo que más nunca se soltó. Los habitantes creen que si llegara a soltarse, “ese día se acaba el mundo”.

Otra de las leyendas de La Maroma sostiene que los dueños de las haciendas recurrían a hechizos para “cruzar sus tierras” y protegerlas de los ladrones, y que si alguno se atrevía a meterse a robar cacao, quedaría anclado para siempre allí con la misión de trabajar y aprender el valor del esfuerzo.

“Las contras” contra todo mal

Llegar a La Maroma no es fácil, quienes la visiten deben conocer muy bien la zona para poder llegar hasta allí sin perderse. Para muchos, curarse en un lugar tan remoto del mapa sería un gran reto si no contaran con las “contras”, bebedizos que según cuentan sus habitantes, sirven para curar todos los malestares físicos que los aquejan.

Compuestos por ramas de diversos lugares aledaños e infusionados con aguardiente, estos brebajes resultan un potente remedio envasado en botellas plásticas. Según cuenta Maximino, preparar “las contras” no es sencillo ya que hay que saber qué plantas utilizar y dónde conseguirlas, “algunas hay que ir a buscarlas pa ´allá, lejísimo” comenta mientras nos muestra sus botellas listas para ser usadas.

Sin historia no hay ritual

“En Semana Santa no se sale al monte a trabajar porque es pavoso” asegura Maximino Matos. Dice que es de mal augurio ya que las malas energías rondan por doquier, a pesar de estar al lado de las plantaciones prefieren descansar a partir del miércoles de esa semana y evitar así cualquier calamidad.

“Siempre le cantamos a la Santa Cruz de Mayo, a San Juan y a la Virgen del Carmen para que nos proteja a nosotros y a la cosecha”, esto es parte de los rituales que le permiten a los habitantes sentirse seguros formando un vínculo místico entre lo religioso y el trabajo del día a día.

 Luego de conocer La Maroma fuimos capaces de soñar, imaginar y sentir un poco más de cerca esa cultura que gira en torno al cacao, un fruto que, sin duda, crea a su alrededor una forma de vida particular, con hechizos, pócimas y rituales para amarrar demonios, asegurar buena cosecha y mantener la paz en tierras llenas de energías que transitan entre lo divino y lo terrenal.

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