Por: Juan Pablo Crespo /@juanpamark
Fotos: Facebook Gabriel Toledo

 

Gabriel Toledo toma entre sus manos un pedazo de madera, de esos que huelen a Venezuela, lo esculpe con ayuda de distintas herramientas y lo pinta… al final crea una figura de cacao tan real que a simple vista cuesta reconocer si se trata de una mazorca natural o producto de su talento innato.

 

Toledo es un artista plástico de esos empíricos, nativo de El Pilar, en el municipio Benítez del estado Sucre, donde crece un cacao emblemático en el país. Su estilo y técnicas son propias, apegadas al hiperrealismo, como él mismo lo define.  «Uso un estilo libre y evolutivo, hoy lo hago de una manera y mañana descubro una mejor forma de aplicar en mi trabajo. Yo mismo inventé la técnica de elaborar las piezas que hago del cacao».

Un trabajo artístico impecable

Las creaciones de Toledo giran todas alrededor del cacao, un fruto que desde niño comenzó a conocer como la palma de su mano. Esculturas completas, esculturas tipo cápsulas, collares y dijes (entre otras) son las piezas que esculpe el oriental en su rudimentario taller.

 

La materia prima que utiliza como base es la madera, «casi de cualquier tipo, con tal que se deje moldear», comentó. «Para lograr los diferentes colores en los cacaos es necesario ser muy observador y detallista. Cada trazada del pincel es incierta en cuanto a la mezcla y proyección de los colores. El mismo diseño me dicta qué debo hacer para lograr su aspecto natural».

Fuera de lo común

Toledo decidió especializar su trabajo alrededor del cacao porque le gusta romper con las reglas o la monotomía, además es todavía un campo bastante virgen. «Hasta donde he investigado, no existe un trabajo parecido al que hago, y menos relacionado con este fruto, lo digo con la humildad por delante. Sí he visto algunos trabajos de cacao esculpido, pero ninguno tan realistas al que yo hago. En las mesas solo ves manzanas de adorno, ¿pero un cacao? ¡Eso es raro! Lo común a mi juicio es aburrido, en cambio lo extraño llama la atención. Con orgullo, Toledo agrega después que «el cacao es identidad de su tierra, ¡Paria!

 

Arte, tradición y cacao de la mano

Los cacaos de madera de Toledo han cruzado fronteras y océanos hasta llegar a México, Estados Unidos, Ecuador, Malasia, Reino Unido, Australia, Italia o Francia. «Esto ha sido posible gracias  a la conexión con una gran amiga: la chocolatier venezolana Corina Jiménez, quien radica en Noruega. Y aunque aún no nos conocemos en persona, tengo mucho que agradecerle por proyectar mi arte hacia distintas personas vinculadas al mundo del chocolate y el cacao en todo el planeta».

 

La experiencia le ha enseñado a Toledo que sus piezas de arte cubren una demanda y una necesidad en el mundo del chocolate, más que todo en los países fríos donde este fruto no se cosecha debido a particulares condiones climáticas que se requieren para que el fruto se desarrolle. «En muchos de estos países requieren cada año del fruto físico para mostrarlos en sus eventos internacionales con sus chocolates. Ahora bien, las piezas de cacao las he creado pensando en reemplazar, de alguna manera, a la mazorca natural, ya que ésta última al viajar se daña, mientras la escultura es permanente en el tiempo y su aspecto no se altera».

Cada cacao tiene su huella

Desde que nació, la vida de Toledo ha estado vinculada al cacao, lo que le ha permitido conocer bastante sobre este fruto maravilloso que en su mejor momento llegó a ser el principal producto de exportación de Venezuela.»Toda mí vida he estado rodeado de este fruto, lo cual me permite conocer a detalle casi todo acerca del mismo, y digo casi todo porque cada fruto es único en su aspecto, colores y formas. Cada uno tiene su huella. Ninguno es igual al otro así pertenezca al mismo árbol».

  

Para Gabriel Toledo, el cacao es fuente de inspiración

Sobre El Pilar, Toledo dice que es un pueblo de gente amable y luchadora, dispuesta a tenderle la mano a todo aquel que lo necesite, con una mezcla de cacao, mayormente de origen Trinitario. «Hay una zona muy particular, la Hacienda San José, de la familia Franceschi, que data de 1830. Allí se cosecha la mayor cantidad de cacao criollo, únicos en su tipo en el mundo por su genética y origen. A esta hacienda también voy en ocasiones a ver estos cacaos únicos y que en su momento representaron un reto para mí, puesto que no conocía su aspecto como el que veo comúnmente. Allí tengo muy buenos amigos: Diógenes Córdoba, Gerardo Orozco y Carlos Franceschi, por mencionar algunos que me motivan y de alguna manera  han jugado un papel importante en todo este tiempo que llevo realizando estas obras exclusivas de este fruto maravilloso y enigmático».

 

Toledo remata diciendo que su pueblo es un oasis rodeado de otros hermosos pueblos adyacentes. «Aquí nada ha cambiado, ni su gente, ni sus costumbres. Aquí todos nos conocemos. No visualizo un mejor lugar en cuanto a su gente, naturaleza y condición climática para vivir. Tal vez exista, pero aquí crecí y he estado aquí toda mi vida. Y si me voy… siempre voy a regresar».

 

Gabiel Toledo es la viva expresión de ese talento que palpita en cada rincón de Venezuela, en especial en las zonas donde el cacao es expresión de vida, historia, idiosincrasia y cultura.

 

IG: beltrancacaomaker